EL MITO DE LOS SACRIFICIOS HUMANOS EN MESOAMÉRICA
Antes de que cayera Tenochtitlan, los españoles convivieron durante 2 años con los pueblos de Anahuac. Ningún español fue testigo de un sacrificio humano. Todas las menciones y dibujos de sacrificios que aparecen en las crónicas de la época son de oídas.
Las leyes españolas solo permitían colonizar otras tierras si sus moradores cometían actos de inhumanidad o contranatura, como el canibalismo, los sacrificios humanos o la sodomía institucional. Por lo tanto, los colonizadores necesitaban de esos actos para justificarse, inventándolos o exagerándolos de ser necesario.
Una vez que los informantes nativos, ya cristianizados, detectaron que los españoles necesitaban de esta justificación, hubo un verdadero alud de reportes de sacrificios humanos que quedaron plasmados en las crónicas de la segunda mitad del siglo 16. De ese modo los informantes remarcaban su distancia respecto a la religión ancestral, aún a costa de calumniar a sus propios abuelos.
La religión anahuaca era muy simbólica y se basaba en los principios del merecimiento y el autosacrificio, los cuales se ejemplificaban mediante imágenes de muerte (tan gráficas como el crucificado de los cristianos). Si uno va con prejuicios a la información, es muy fácil tomar esos emblemas como literalidades.
Todas las sociedades de la tierra han tenido formas para deshacerse de delincuentes y enemigos militares o políticos, así como combates gladiatorios y autoinmolación ritual. No es más sacrificado el delincuente que subían a una pirámide para darle algo de dignidad a su muerte, que el delincuente que cocinan en la actualidad en una silla eléctrica o con un cóctel químico.
Lo que no todas las sociedades han tenido es una institución (la Santa Inquisición) diseñada específicamente para torturar a todo el que disintiera de la doctrina oficial. Asimismo, sería imposible encontrar en otra sociedad, fuera de la cristiana, un caso de sacrificio humano tan masivo y sistemático como las hogueras inquisitoriales.
Dos ejemplos nos dicen la verdad sobre los sacrificios humanos en Mesoamérica:
1. Se afirma que los mayas sacrificaban doncellas en el cenote de Chichén Itzá. Cuando dicho pozo fue dragado a principios del siglo 20, se encontraron los restos de 200 personas de toda edad y sexo. Si tenemos en cuenta que el sitio fue habitado desde hace al menos 10 mil años, eso significa dos ahogados por siglo, lo cual parece una cuota normal para un pozo de ese tamaño.
2. Incluso investigadores de cierto nivel repiten como loros el mito de que los mesoamericanos sacrificaban al jugador de pelota, al tomar en sentido literal las imágenes de decapitados que aparecen en los relieves huastecas y mayas. Los españoles asistieron muchas veces a ese juego y lo describieron en detalle, pero nunca reportaron un sacrificio.
El tema de los sacrificios humanos en el México antiguo es una burda exageración de los antropólogos y una muestra de la hipocresía de la nuestra cultura, dispuesta a destruir hasta el último vestigio de una civilización milenaria con tal de encubrir la estremecedora crueldad e ilegalidad de la invasión de América.
Frank Díaz
Antropólogo
Antropólogo
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